Tal vez pensamos que si hubiésemos podido ver con
nuestros ojos algún milagro, tendríamos mas
facilidad para creer. Tal vez envidiamos a Pedro,
Santiago, Andrés, y los otros discípulos que tuvieron
la fortuna de ser llamados directamente por Jesús y
sentimos en nuestro corazón, que éstas
circunstancias les favoreció en el camino de la
santidad (exceptuando judas).