Bueno
Dios solo quiere nuestro bien, más de lo que pudiéramos desearlo nosotros mismos o nuestros seres queridos. Porque «Dios es Amor» (1Jn 4,16), y «da a todos generosamente y sin echarlo en cara» (Sant 1,5)
Sabio
Dios sabe perfectamente cual es nuestro verdadero bien, no solo en el presente sino también en el futuro. A veces queremos algo que no sabemos si nos hará bien; y a veces sabemos que nos hará mal. Pero Dios quiere darnos lo que sirve para toda la vida: nos da el verdadero pan que nutre, no nos dá una piedra que moleste (cf Mt. 7,9).
Poderoso
Dios es más, «todopoderoesso». A veces, quisiéramos conseguir algo, pero no somos capaces, no tenemos el dinero o la fuerza o el conocimiento suficiente. Dios en cambio lo puede todo «Nada hay imposible para Dios» (Lc 1,37). Y si Él no impide alguna maldad de los hombres o del demonio, es solo porque sabe que podría traernos un bien mayor: lease la parábola de la cizaña (Mt 13,24-30) completada por Rom 8,28 : «Todo ocurre para el bien de los que aman a Dios».
Por nuestra parte basta que lo dejemos hacer, que no prefira- mos nuestros deseos a los suyos... En otras palabras, basta que queramos que se “haga su voluntad” como rezamos en el Padre Nuestro. El desea siempre ayudarnos con lo mejor, y lo hace, pero le tiene un gran respeto a nuestra libertad, y no quiere hacer nada en contra nuestra. Si nos sentimos sus niños(cf Mt 18,3)entonces fiémonos de Él, nuestro Padre, y aceptemos con alegría sus decisiones. Pero si somos displicentes y nos manifestamos groseros, si queremos decidir por nosotros mismos sin su luz y su voluntad, Él se retira triste de no podernos dar los dones que nos había reservado.
A veces, no nos parecerá posible preferir sus elecciones a las nuestras. Pero no debemos preocuparnos, si le pedimos con confianza que nos transforme, que convierta nuestro corazón, que lo cambie por el suyo... Guíame Padre, a decirte con pleno abandono: “Piénsalo tú por mi”.
Como El
Debemos además ser nosotros mismos buenos, sabios y podero- sos, porque Dios nos quiere partícipes de todo lo que Él es. Buenos: «Sean mas bien bon- dadosos y compasivos los unos con los otros, y perdónense mutuamente, como Dios los ha perdonado por medio de Cristo» (Ef 4,32), y es claro que cuando Dios nos pide algo, antes nos lo ofrece.
Sabios: «Y si alguno de ustedes le falta sabiduría, pídasela a Dios que se la dará »(Sant. 1, 5)
Poderosos: El Maestro nos dice: «Sin mí no pueden hacer nada» (Jn 15,5). En compensación, el cristiano puede decir: «Todo lo puedo en Cristo que me da fuerza» (Fil 4,13).
Las cualidades de Dios están a nuestra disposición, basta desearlas y pedirlas.
Antonio RUDONI

